Hay una prueba que recomendamos porque no requiere Analytics, herramientas especiales ni conocimientos de marketing.
Solamente un teléfono.
Intentá convertirte en tu propio paciente.
Empezá desde cero
Abrí una ventana de incógnito.
No ingreses directamente a tu web.
Imaginá que alguien te recomendó o que está buscando tu especialidad.
Buscate en Google.
¿Qué aparece?
Paso 1: encontrarte
¿Tu nombre está escrito correctamente?
¿La especialidad está clara?
¿La ubicación coincide?
¿Los horarios están actualizados?
¿Hay reseñas?
¿La fotografía representa realmente el lugar?
Antes de llegar al turno ya encontramos varios puntos posibles de fricción.
Paso 2: entrar a la web
Ahora hacelo desde el celular.
No uses el conocimiento que tenés sobre tu propia página.
Intentá interpretar todo como alguien nuevo.
¿Entendés rápidamente qué ofrecés?
¿Encontrás el servicio que buscabas?
¿Sabés dónde atendés?
Paso 3: intentar reservar
Cronometrate.
¿Cuánto tardaste?
¿Cuántos clics?
¿Tuviste que copiar un número?
¿Hay un botón directo?
¿El formulario funciona?
¿El turnero explica qué opción corresponde?
¿WhatsApp abre con algún contexto o solamente con un mensaje vacío?
Paso 4: hacé una pregunta
Imaginá que no sabés qué tipo de turno elegir.
¿Existe alguna forma fácil de consultar?
¿Qué pasa fuera del horario de atención?
¿Hay información que podría haber respondido la web antes de obligarte a escribir?
El problema de conocer demasiado nuestro propio sistema
Nosotros sabemos exactamente dónde está cada cosa.
El paciente no.
Por eso muchas experiencias digitales parecen intuitivas para el equipo y resultan confusas para cualquier persona nueva.
Esa distancia es difícil de detectar mirando la web todos los días.
Diez minutos pueden mostrar muchísimo
No hace falta rediseñar todo.
Tal vez el problema sea un botón.
Un texto.
Una opción mal nombrada.
Una dirección vieja.
Un formulario demasiado largo.
Un paso innecesario.
La mejor experiencia digital no siempre es la que incorpora más tecnología.
Muchas veces es la que elimina obstáculos.
Probá sacar un turno con vos mismo.
Y cada vez que tengas que pensar demasiado, anotá por qué.
Ahí probablemente haya algo para mejorar.

